UNA BÚSQUEDA INTERMINABLE
Para mí, las mejores conversaciones surgen sin quererlo…improvisadas y llenas de frescura. Hoy, a pie de cama conversábamos sobre lo efímero de la vida.
Si te paras a pensar con detenimiento, todo, absolutamente todo lo que puedes ver, oír, tocar, degustar… es perecedero. No va a perdurar en el tiempo… Es decir, cambia y un día llegará a su fin. En un mundo externo, cambiante por naturaleza, cabe preguntarnos dónde encontrar la estabilidad, la seguridad que con desenfreno buscamos y que tanto anhelamos. ¿Dónde y cuándo, por fin, tener todo lo suficientemente atado como para poder sentarnos, respirar y descansar? como para poder decir: “¡al fin!, ¡ahora sí!, ya puedo estar tranquilo, ya no tengo de qué preocuparme”. Esto es imposible, si lo buscamos en el plano externo. Ante tal realidad, nos quedan dos opciones: o nos bajamos del tren (hay muchas maneras de bajarse del tren) o nos replanteamos qué es en realidad lo que andamos buscando, y PARA QUÉ. Escoger una opción u otra no es mejor ni peor, es simplemente una elección desde tu libertad. Dependiendo de dicha elección, las consecuencias derivadas también serán distintas. Y aunque a todos nos ha pasado que en alguna ocasión hemos querido dar el golpe definitivo sobre la mesa, forzar el freno y bajarnos del tren, siempre hay algo, como un impulso innato dentro de uno, que nos sugiere a modo de susurro, la posibilidad de ver las cosas de otra manera. Haciendo caso a este impulso innato, me voy a decantar por la segunda opción, pues me considero una firme creyente del ser humano en toda su potencialidad. Así que vamos a profundizar un poco más sobre ello.
Nos pasamos los días (días que terminan por erigir nuestra vida) buscando que las situaciones externas y las personas se amolden y adecúen a nuestras necesidades más personales. Cada uno las suyas. Que llenen vacíos que ni nosotros mismos sabemos por dónde atajar. Que nos insuflen alegría y satisfacción porque dentro, muchas veces, nos sentimos como flor sin agua…
Esto, trasladado a la realidad y a modo de ejemplo, podría ser como cuando buscamos un trabajo que nos dé éxito, reconocimiento. Que nos diga: “tú, sí que vales”, pues muy en el fondo sentimos que no somos suficientes del todo, como si hubiera una falla en nosotros y que otros no tienen. Que además nos asegure nuestro puesto y nuestra valía en el tiempo…Cuando bien sabemos que en muchos trabajos, hoy eres apreciado, y mañana puede ser todo lo contrario. Que hoy estás aquí y eres necesario, y mañana ya no.
Buscamos parejas que nos quieran de nuestra particular y concreta manera. Ojo, ni más ni menos. Que hagan que nos sintamos amados, queridos. Buscamos la certeza de unos brazos donde sabernos seguros y que nos juren que va a ser de por vida, sino, morimos antes de morir. Buscamos, además, que llenen nuestros "agujeritos" y que sepan remendar nuestros descosidos… Cuando, curiosamente, la otra persona anda buscando exactamente lo mismo. Aun así, insistimos. No nos cansamos de buscar. Seguro que la próxima será la definitiva, nos decimos. Y volvemos a encontrarnos con el mismo panorama.
Y si por un momento la realidad llega a coincidir con nuestros deseos, enseguida el miedo asoma sus garras, pues el tesoro preciado, sea cual fuere… ¡lo puedo perder! Lo que viene a continuación, ya todos lo sabemos. Miedo, frustración, angustia…etc.
Podemos caer también en el embrujo de llenarnos de objetos (de toda clase y condición), de pertenencias, como si llevaran nuestro nombre, y por tanto: yo soy aquello que tengo. El miedo, está servido. Miedo a su deterioro, miedo a perderlo, a que nos lo roben, miedo a…
Buscamos la aprobación a través de la imagen, del cuerpo y de sus atributos. De manera inconsciente estamos rogando FUERA que no nos rechacen, que no nos giren la cara. Comienza entonces la obsesión, la búsqueda sin fin y el vacío característico que lo acompaña, pues al final no podemos controlar lo incontrolable: el físico cambia, y es perecedero. Tarde o temprano lo vamos a tener que asumir. Y nuestros deseos nunca se apaciguan... Estamos, por tanto, nadando a contracorriente. Sería bueno que te preguntaras qué clase de personas son las que terminan valorándote por tu físico. Piénsalo.
Al hilo de los cuerpos… algunos enferman y sufren, se marchitan… Finalmente, todos los cuerpos se desvanecen. Buscamos la seguridad en determinadas personas que creemos que nos van a acompañar de por vida, nos acostumbramos a ellas, queremos incluso hasta amarrarnos, en un intento por desafiar al destino… Hasta que comprobamos que esto nunca fue posible. Sabemos muy bien que tampoco podemos encontrar seguridad ni sosiego en ello.
En fin, ejemplos hay muchos. La mayoría de nosotros hemos experimentado alguno. Pero con todo ello no quiero decir que tengamos que tirar la toalla y abandonarnos, en un sentido catastrofista. Esto sería ir de un extremo a otro. Mi sugerencia, más bien, sería el camino del medio y revisar, cuantas veces podamos, qué está motivando la conducta que elijo. Puesto que no es tan importante lo que hago, sino desde dónde lo hago. Cuál es la necesidad que me mueve a tomar ciertas acciones y no otras. Como planteábamos al principio: qué estoy buscando y para qué.
Al final, lo que cualquier ser humano busca detrás de sus actos, ya sea rico o pobre, famoso o no, es felicidad. Y la felicidad, desgranada, es paz interior. Buscamos esa sensación de sentirnos como en casa… sin darnos cuenta que la casa, la llevamos puesta. Sólo que hemos creído que estaba fuera. Buscamos, en definitiva: un estado interior.
Si tiramos del hilo, cual ovillo, del “para qué”, llegamos al valor esencial que se encuentra detrás de todas nuestras conductas. El para qué de todos los esfuerzos por ser reconocidos y exitosos en nuestro puesto de trabajo, es que nos vean, que nos registren, que nos hagan sentir válidos, importantes… Y con ello sentirnos a gusto con nosotros mismos. Lo que buscamos a través de una pareja que nos quiera como a nosotros nos gustaría, es estar en contacto permanente con el amor que reside dentro de uno mismo. Lo que buscamos a través de tener un físico con determinadas cualidades o determinada forma, es ese descanso interior que te dice: ahora estás bien. O sea, paz.
¡Ansiamos como agua de mayo estar en paz dentro de nosotros!
Ahora bien, si la cualidad de esa paz es que es un estado interior y además, como hemos visto, nunca terminamos de alcanzarla por completo en el exterior ni de manera permanente en el tiempo. ¿Dónde encontrar esa paz? La respuesta es obvia: DENTRO DE TÍ.
Así que desempolva tu caja de herramientas interna, date cuenta de las cualidades que atesoras y haz uso de todo el potencial que guardas dentro y que no depende de nada ni de nadie. Que está aquí y ahora. Ese valor que persigues, es intrínseco a ti. Es tuyo por naturaleza. No es posible encontrar un recurso interno en el exterior. Así que… no lo coloques fuera, condicionado a determinados requisitos, y con sabor a futuro; pues te estarás despojando de cualquier posibilidad de ser feliz y estar en paz en este instante, sin premisas y porque sí. ¡ÚSALO! Si no lo usas tú, nadie más lo va a poder usar por ti.
Descubre en ti una identidad mucho más real, rica y COMPLETA. Poco a poco, conforme te vayas acercando a esa paz innata, descubrirás que lo que antes te importaba fuera de manera compulsiva, ahora ha perdido fuerza; que dejas de quedarte atrapado en ello y por tanto, sufres menos. Que caminas más ligero. Ligero de equipaje. Tal vez te sorprendas que lo que antes buscabas sin descanso, ahora llega de repente. Pero más allá de eso, lo importante es que habrá dejado de ser una necesidad, y serás un poco más libre.
Y sin quererlo, recuperas ese sabor…, esa sensación de sosiego que te recuerda que no hay nada… COMO SENTIRSE EN CASA.